es uno de los lugares mas desconocidos y con mas encantado de toda España:

Históricamente, esta era una de las comarcas que en parte integraban las Tierras de Talavera y está integrada por
cinco municipios situados a derecha e izquierda del río Ibor con sus cinco sierras cinco sierras
(Alcornocal, Ortijuela, Alta, Viejas, Hospital del Obispo y Altamira)

La comarca tiene forma alargada, siguiendo el curso del río, de sur a norte. Se sitúa al este de la provincia de Cáceres, limita al norte con el Río Tajo, al este con la comarca de La Jara, en Toledo, al sur y al oeste con Las Villuercas.

Se encuentra, por tanto, localizada al este de la provincia de Cáceres, a unos 160 km de la capital regional. Se accede a través de la carretera provincial EX-118, que transcurre paralela al valle del río Ibor en gran parte de su recorrido y une las localidades de Navalmoral de la Mata y Guadalupe.

Entre los pueblos más interesantes que hemos encontrado en la zona nos ha llamado la atención Berzocana, que mantiene varios castros celtas, una necrópolis romana (habitada por “guarros” como nos dijo una vecina refiriéndose a los cerdos y de este modo quejarse del abandono) y un paisaje escalonada espectacular.
Cañamero, es otro pueblo pequeño rodeado de pino resinero y piñonero,castaños,con el pantano del Cancho y con muchas cuevas con pinturas rupestres de la Edad del Bronce.
Guadalupe que a parte de ser un centro religioso, merece la pena visitarlo sólo por su sacristía que alberga más de 12 pinturas de Zurbarán y que no se encuentran en otro museo.

a comarca ofrece un potencial incalculable que sólo los más expertos conocen hasta el momento. A los estudiosos de la geología, recorrer las sierras, valles y pedreras les permitirá conocer sus orígenes, tan característicos por su representativo Relieve Apalachense, podrán deleitarse con la presencia de fósiles y cuevas, pinturas rupestres, extraplomos y formaciones cuarcíticas sorprendentes, y terminar con las rañas del norte y sur de la comarca, depósitos aluvionares de gran extensión, muy típicos por su forma digitiforme.

Para botánicos y ornitólogos ya se ha comentado con suficiente amplitud en diversos capítulos los valores naturales, pero baste recordar que en sus dominios podemos ver con facilidad halcones peregrinos, cigüeñas negras, picogordos, collalbas, mirlos acuáticos y águilas reales. La vegetación presenta una diversidad magníficamente conservada, con algunas joyas como el loro, árbol presente en los bosques de niebla de la Era terciaria que aún se conserva aquí con un número considerable de ejemplares. Los robledales adehesados, los magníficos alcornocales, una veintena de variedades de orquídeas silvestres, rosas de Alejandría, y un largo etc., la hacen ser el deleite de los amantes de “lo verde”.

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